El conflicto emocional en la alimentación

Hola a todos y bienvenidos un domingo más a mi blog, yo soy Andrea Doadrio y aquí hablamos de psicología.

Esta semana os traigo un nuevo artículo, esta vez hablando sobre la relación que existe entre cómo nos alimentamos y nuestros conflictos emocionales.

En primer lugar, llamaremos conflictos emocionales a una tensión motivacional (desear una cosa y la contraria al mismo tiempo) que no somos capaces de resolver. Estos conflictos emocionales se expresan de distintas formas, pero la que me interesa explicar ahora es la referente a la comida y es que, “la alimentación emocional afecta, cuando no determina, a la física” (I. Menéndez, 2009).

De hecho, la alimentación emocional y la física están tan íntimamente relacionados que, nuestra vida afectiva se refleja en nuestra forma de relacionarnos con los alimentos y en nuestra forma de alimentarnos, todo ello desde el primer momento de nuestras vidas.

Cada vez que tenemos un conflicto en nuestro mundo interno este se refleja a través de nuestra alimentación: cuando nos sentimos decaídos tendemos a tomar alimentos dulces, mientras que, cuando nos encontramos enfadados tendemos a tomar alimentos picantes. Por otra parte, cuando tratamos de compensar una sensación de vacío podemos hacerlo alimentándonos en exceso o en defecto (alimentarse en exceso o en defecto sin tener la necesidad biológica para hacerlo, se encuentra más relacionado a necesidades emocionales que a necesidades fisiológicas).

A donde quiero llegar con todo esto es que, las dificultades que puedan darse con respecto a la alimentación o incluso, el tener una mala relación con la comida, puede expresar la existencia de un conflicto interno o ser la manera en la que el cuerpo  manifiesta sensaciones que no pueden ser exteriorizadas.

Estas relaciones con la alimentación que guardan un conflicto interno debajo serían: la continua búsqueda de estar a régimen, si se realiza como una necesidad de castigarse más que como una forma de proteger y cuidar la salud; la obesidad como simbolización de amar a otro y desamarse a uno mismo, además puede ocultar una vinculación patológica con otra persona; una persona que se niega a comer pues trata de afirmarse internamente o incluso expresar que la vida carece de sentido ante la carencia del alimento afectivo o comer de forma compulsiva y descontrolada para aliviar o reducir la angustia interna que se vive.

Son casos en los que podemos apreciar cómo las dificultades en cuanto a la relación que mantenemos con nuestra forma de alimentarnos expresan nuestro mundo emocional. Es decir, son avisos que nos manda nuestro cuerpo para indicarnos de la existencia de conflictos internos, es un gran aliado que nos advierte de que algo no está funcionando y nos da la oportunidad de poder detenernos un momento a pensar qué nos ocurre, para poder ponerle palabras a lo que nuestra esencia está callando.

Y es que la mayor parte de nuestros conflictos internos los tratamos de contener a través de abarrotar nuestra boca de comida, lo que nos impide pronunciar palabras cuya carga emocional puede asustarnos. “El orificio por el que penetran los alimentos es el mismo por el que salen las palabras”(I. Menéndez, 2009). Y es de esta forma, a través de la comida, como en incontables ocasiones rebajamos la tensión que nos oprime.

 

Muchas gracias por tus comentarios

Andrea Doadrio.jpg

 

Bibliografía: Menéndez, I. (2007). Alimentación emocional. Barcelona: DeBolsillo.

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