¿Lo que sientes es lo que deberías sentir?

Hola a todos y bienvenidos un domingo más a mi blog, yo soy Andrea Doadrio y aquí hablamos de psicología.

Hoy os traigo un artículo sobre qué sucede cuando un estado emocional se queda activado y no somos capaces de atender y cumplir la necesidad de esa emoción que sentimos. También hablaremos de emociones contradictorias y de lo que eso supone en nuestra vida.

Cuando una vía roja se queda “activada“, es decir, cuando la situación que estamos viviendo supera los recursos que tenemos para poder afrontarla, no hemos terminado de relacionar o integrar lo que sentimos con la situación que hemos vivido. La vía verde no ha conseguido entrar en acción para dar palabras y sentido a ese malestar.

Estas emociones que sentimos cuando no pudimos afrontar esa situación tan difícil, a primera vista, son amenazadoras y dolorosas y eso hace que apartemos la mirada de ellas, buscamos no sentirlas y taparlas, sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos salen una y otra vez. Cuando esto sucede es porque no hemos dado a nuestro cuerpo lo que necesita. Es porque, en términos gestálticos, no hemos conseguido hacer que la figura se vuelva fondo.

Suena paradójico, pero no centrar nuestra atención en cada emoción que reclama ser vista pasa factura, pues no somos capaces de ofrecer a nuestro cuerpo aquello que requiere y por ello, vuelve a aparecer hasta que seamos capaces de darnos lo que necesitamos.

Tal vez resulte más sencillo ver esto con un ejemplo que nos pasa a diario: el hambre. Cuando tenemos hambre, la sensación de nuestro estómago rugiendo se vuelve una figura, haciendo que otras sensaciones corporales se vuelvan fondo. Esto es así hasta que cubrimos esa necesidad comiendo. Cuando terminamos de comer, la sensación de hambre pasa de ser figura a volverse fondo. Sin embargo, sino comes seguirás teniendo hambre, puesto que no has cubierto esa necesidad, impidiendo así que se vuelva fondo.

 

La figura del psicoterapeuta ayuda a clarificar las emociones que se han vuelto figura, identificándolas, observando cómo se relacionan entre sí y conviven, pues ante una misma situación llegamos a sentir emociones dispares, incluso contradictorias. Por ejemplo, sentir rabia hacia un padre maltratador, pero al mismo tiempo sentir amor y pena por él y culpa hacia sí mismo por sentir esa rabia.

Sin embargo, es normal que cuando tenemos emociones contradictorias y mal definidas hacia un mismo tema, este tema nos genere mucha confusión. Por ello, en terapia buscamos entender, definir, saber de dónde vienen las diferentes emociones que tiene cada persona ante una situación y brindárselo a nuestro paciente, acompañarle en su búsqueda.

 

Por último, recordar que aquello que desconocemos, que genera incertidumbre, nos provoca miedo y angustia. Es por ello que, clarificar la secuencia de la emoción, entender de dónde vienen, hace que nuestras emociones se vuelvan menos amenazantes, pues nos volvemos capaces de integrarlas y así, calmar nuestra angustia, mejorando la sensación de malestar de las personas.

 

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